Viejo año.

 

Viejo año. Con los ojos llorosos, acompañados de un poco de melancolía y orgullo, digo adiós al pasado.

Digo adiós a mi yo de ayer, a mis miedos, a mis complejos, a mi apego, a mi afectividad, a  ti.

Me ha costado soltar, dejarlo fluir, porque créeme que no soy de esas que habla con voz profunda y suave,               ni de modo sosegado y con una pronunciación precisa, a decir verdad soy de las intensas, no me callo ni por un segundo y digo las cosas como son, y te digo, que si quieres ser mi amigo nunca te diré lo que quieres escuchar cuando lo estás haciendo mal.

En fin, me ha costado pensar de esa forma, el mundo me ha enseñado a madurar de una manera muy cruda, -y no es que esté siendo dramática, no me arrepiento  de nada.-

Antes de decir adiós completamente quisiera darte las gracias mi querido viejo año, porque en tus 365 días aprendí a quererme más, a disfrutar cada detalle de la vida…

Cuanto he llorado viejo año, cuantos errores he cometido, cuantas personas se fueron de mi lado en un abrir y cerrar de ojos, otras solo vinieron de paso, y algunas aún están aquí conmigo.

Gracias al que me hizo daño, por esa razón ya soy más fuerte, ya no espero dar para recibir, solo doy, doy cuanto pueda. Viejo año, gracias y perdón por no cumplir las metas que me propuse en el 2016.

Hoy estoy decidida. A dejar una huella. A vivir, a reír, a soñar despierta, a sentir. Te prometo, que seré mejor, que no dejare que nadie me haga sentir menospreciada, no permitiré que alguien entre y salga de mi vida como si fuera un juego. Gracias, por hacerme entender que si una persona no me quiere como yo quiero, no significa que no me quiera y que amarme a mí misma es primordial.

Viejo año, hoy te vas, no te extrañare, por favor, no me ates con tu pasado, estoy bien, no estoy totalmente feliz pero me siento plena, en paz,  eso Quiero y es lo importante.

 

 

 

 

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