Una vez alguien me dijó que si le hiciéramos caso a la razón todo el tiempo seriamos menos estupidos y nos evitáramos esos golpes que duelen tanto, y ¿saben que ? por un largo tiempo le creí y asumiá que era cierto ,pero aun así seguía llevandome tropezones como loca y seguía marchitando esa rosa que había dentro de mi y me preguntaba, que tan difícil puede ser no hacerle caso a la mente y por un momento sentir?

Sentir como el viento puede erizar la piel, como un beso puede hacerte temblar con solo imaginarlo, como una caricia puede hacer que dejes tu vida entera en ella; sentir la adrenalina de un amor prohibido, o la risa de alguien a quien extrañas, vibrar de emoción al ver a una persona, sentir un abrazo y no querer salir de ahí , correr a deshoras y gritarle al mundo que, estas VIVA aunque ya hayas muerto mil veces por dentro. Y fue justo ahí que comprendí que dejarse llevar viene del corazón, y el corazón esta vivo y uno no puede evitar que siga su camino aunque sepas claramente que ese camino, va a terminar haciéndote daño.

Pero cómo reaccionar y saber que estas parada ante tal vez tu mejor y peor eclipse de vida, y poner en duda todo aquello que sientes o deseas, entonces aquí ,se abre la puerta de la razón y es ella misma la que te hace darte cuenta que a veces pensar no esta tan mal después de todo, porque esa es la única garantía que tiene el corazón. Y descubres que no es cuestión de pensar o dejarse llevar es solo de aprender a llevarlas de la mano una junto a la otra pero sin tratar de unirlas porque al intentar hacerlo, solo formarás ese nudo negro del que tanto deseaste salir.